El discurso del Poder tiene diferentes manifestaciones; una de ellas es la reacción violenta frente al planteo de equidad y de justicia. El discurso literario, en tanto es una representación simbólica de otras redes y voces sociales, se transforma en un campo de resistencia frente a un discurso que tiene un componente psicológico relevante y determinante cuando se trata de comportamientos humanos.
En el caso de Luis Alberto Ambroggio[1], escritor de origen argentino, mira y escribe sobre diferentes manifestaciones del poder, ya institucional, ya personal o cómo ese discurso influye en la construcción de una sociedad que silencia la propia voz de la identidad. De ese modo, la escritura ambroggiana parodia, ironiza, interpela, sugiere, en una trama ficcional que, a veces, puede ser ambigua en su identidad formal pero clara en su propósito pues traspasa los límites del territorio que impone la denuncia para formar parte de una ideología que construye un sujeto cultural individual y colectivo. Por ello, su escritura poética es un espacio de resistencia al discurso del poder a través de una voz individual pero también colectiva. Idea que, además, fundamenta el desarrollo de este trabajo.
El discurso del poder [2] tiene diferentes manifestaciones que pueden agruparse en: lábiles o indirectas y definidas o directas, más aún cuando se trata de develarlo a través de la palabra escrita, vehículo formal que señala –y acusa- especialmente al abuso del poder y a todas las consecuencias que se derivan de la dominación política, religiosa, social, económica, en definitiva, cultural.
Una de las posibles resistencias frente al discurso del poder es la escritura que, como estrategia propia de su naturaleza, también puede ser lábil o definida, es decir que utiliza las mismas estrategias del discurso del poder hasta el punto de convertirse en nuevo poder: el poder-decir de las palabras. Luis Alberto Ambroggio revela un enunciado poético en el que puede leerse las marcas de un discurso de crítica social que, a su vez refracta a un sujeto de la enunciación cuya “entidad psicológica no es homogénea y monolítica sino un objeto complejo en el que se combinan características individuales, sociales y universales, en el que convergen discursos heterogéneos y difusos, de su cultura intertextual, de su saber referencial, de su rol social, etc.” [3] Por ello su escritura se transforma en el instrumento que perfila su compromiso ideológico no sólo frente a su propio cosmos sino también con relación al des-orden de la humanidad generado por la violencia que produce el discurso del poder.
La resistencia es una isotopía que vertebra el espacio del discurso poético ambroggiano y tiene, en este caso, dos manifestaciones: la interna, que manifiesta directamente al sujeto de la enunciación con las características antes enunciada y que se transforma en rebeldía frente al discurso del poder enmarañado en una identidad muchas veces institucional y, la externa, motivada por los acontecimientos del “afuera”, del mundo real que el autor transforma poéticamente en un mundo representado o figurado de acuerdo a su ideología. Esta resistencia ofrece un contexto geográfico y espacial explícito con la intención de asumir el sujeto colectivo a través de su voz y su mirada individual mediante un discurso poético anafórico para desambiguar el mensaje por el efecto de realismo que genera la anáfora.
Las manifestaciones de la resistencia en el discurso ambroggiano aparecen en constante tensión, de allí que en algunos poemas predomine la interna frente a la externa –o viceversa- o puede ocurrir que se entraman con igual fuerza y pasión poética; uno de los poemas más logrados en ese sentido es “Narcoplegaria (A Dios como se lo entienda)” [4] cuyo ritmo poético genera, por el juego anafórico, una sucesión de climaxs que empiezan y terminan con cada invocación anafórica: DIOS CUIDA A TU CRIATURA expresión que se refuerza gráficamente por el uso de la mayúscula en toda la expresión.
El propósito de rebeldía individual y de resistencia frente al discurso del poder comienza con la titulación misma de este poema: Narcoplegaria, ironía que plantea la primera crítica ideológica al sistema institucional y al discurso del poder, que enmascarado, no tiene identidad. La explicación que continúa al objeto del poema: (A Dios como se lo entienda) es un acto de desprendimiento personal pues el sujeto de la enunciación amplia su horizonte al incorporar la libertad individual del Otro, al quitar territorialidad existencial y anclaje individual con el texto explicativo que continúa a la “Narcoplegaria”.
El poema tiene siete partes y una conclusión que funciona como clausura al tiempo que resume la intencionalidad que persigue el poeta al hacer la invocación anafórica que sustenta cada una de las partes del poema:
I- [5]
DIOS CUIDA TU CRIATURA,
esa que blasfema,
jura, te niega y se lastima,
esa que roba, mata, miente
y divaga en el humo de su herida;
esa que tiembla, se inyecta,
se esfuma, se condena en la tétricas esquinas;
esa que derrocha sus talentos,
se siente nada, resaca, mierda, vacío de sonrisa.
La primera parte de este extenso poema-narrativo sitúa a la criatura de Dios, no como el Hombre en general sino como un drogadicto, enunciado que aparece metonímica y metafóricamente en el espacio textual lo cual otorga, por una parte, una mayor fuerza poética a la palabra y, por otra, la elipsis dimensiona la resistencia que va gestando la lírica ambroggiana al discurso del poder económico o del poder político o de cualquier otro poder que sustente la destrucción del hombre mediante la drogadicción o cualquier otra adicción. Los verbos de movimiento y de acción más la anáfora a través del pronombre indefinido en esta primera parte potencian la fuerza expresiva de las imágenes.
II-
DIOS CUIDA TU CRIATURA
ese esqueleto perforado,
ese genio encarcelado en la cárcel de sus ruinas;
que se abra al amor, cuídala, Dios, cuídala
que de no hacerlo tú, tu calvario mismo se multiplica,
y los ladrones, desamparados, “homeless”,
prófugos de todo, muertos, condenados,
impuestos, perdidos, mafias,
familias rotas, hijos sin padres, padres sin hijos,
hermanos sin hermanos
un coro desesperado de lágrimas de lágrimas de lágrimas
como vómito incontrolable se desliza.
Así como en la primera parte el enunciado poético presenta el objeto, en esta segunda parte comienza a plantear las consecuencias empíricas del comportamiento del “genio encarcelado en la cárcel de sus ruinas”, verso que sostiene la carga semántica que viene de la primera parte de este poema y que alcanza el clímax poético con “un coro desesperado de lágrimas”, complemento que se repite dos veces más, en el mismo verso y sin la pausa de la coma, para generar la sensación de angustia que embarga la tonalidad del poema.
III-
DIOS CUIDA TU CRIATURA
con tu paño de esperanza,
que si tú no lo haces
ella es incapaz de hacerlo
En esta tercera parte la tensión dramática de las estrofas anteriores se atenúa por la presencia del discurso bíblico que apela a la capacidad infinita del amor de Dios para transformar lo terrenal; además esta estrofa funciona como una bisagra del signo poético para generar -a partir de la cuarta parte del poema- un nuevo ritmo por la inversión del signo ya que el rol del hombre se desplaza a Dios, por lo tanto el sentido de humanidad que adquiere Dios permite mirar un espacio de fragilidad como consecuencia del abuso de poder que aparece entramado a través de actos tan cotidianos como crueles.
En esta parte la función de la preposición “para” sirve para mostrar los efectos que produce la causa (el discurso del poder) que aparece enunciado a través de metonimias puntuales como por ejemplo “dosis de muerte”.
IV-
DIOS CUIDA TU CRIATURA
para que sus errores no sean tu sentencia de muerte;
para que tu resplandor
en ella se refleje;
para que no vayas a la cárcel
o a una sala de emergencia
con una dosis de muerte
o por un accidente feroz
en que tu juventud se muere.
V-
DIOS CUIDA TU CRIATURA
para que se sepa que tú la quieres.
Hazlo en los fines de semana
que en tu descanso, en su dolor ella no duerme.
Hazlo en Harlem, Zurcí, McLean,
las calles U y 14, en los millones de calles
sin luz, pasillos escondidos sin nombre,
cementerios “de-mentes”.
Esta quinta parte el verbo “hazlo” funciona como un mandato del sujeto de la enunciación que vehiculiza una intencionalidad pues según C. Brooks “el poeta sabe exactamente lo que está haciendo” [5]; es decir que el verbo “hacer” conjugado según el modo Imperativo vuelve a invertir el signo para transformar al poeta en Dios y a Dios en el hombre sujeto a la obediencia divina pues ya se perfila con mayor identidad formal y significativa que la anáfora “DIOS CUIDA A TU CRIATURA” si bien es el inicio de la plegaria es también el punto de fuga para darle entidad formal a la rebelión como producto de la injusticia que emana del discurso del poder ubicado en el no-lugar propuesto por García Canclini; de ese modo, la contextualización del poder se universaliza a través de un discurso que lleva las marcas de lo individual y de lo colectivo.
VI-
DIOS CUIDA TU CRIATURA
desde la cuna hasta la muerte
y no la contagies de marihuana,
LSD, cocaína y otras enfermedades delincuentes.
El mandato anterior se suaviza frente a la metáfora del tiempo “desde la cuna hasta la muerte” porque –según De Man “(las metáforas) son más tenaces que los hechos” [7] además la nominación de los diferentes tipos de drogas que alteran las conductas humanas intensifica el espacio de la poesía ambroggiana como resistencia al discurso del poder que genera “enfermedades delincuentes” porque “las divisiones culturales no se ordenan obligatoriamente según una red única de desglose de lo social, que supuestamente gobierna tanto la presencia desigual de los objetos como las diferencias de las conductas.” [8]
VII-
DIOS CUIDA TU CRIATURA
que se ha inmolado en el altar de la droga
porque tú no aceptas sacrificios inhumanos;
porque tú has muerto para que ella viva
y si no lo haces habrá un fracaso crucificado
al lado oscuro de tu muerte;
porque es tu imagen y semejanza,
y tú no eres drogadicto;
El intertexto explícito del discurso bíblico en esta parte del poema cede espacio al tono piadoso que desplaza a la ironía, y hasta ciertos rasgos de parodia, de las partes anteriores, canales naturales de la ira y de la rebelión del sujeto de la enunciación en el diálogo intimista de la plegaria.
El discurso bíblico -como extremo del paradigma discursivo- en clara antítesis con la realidad que motiva la “narcoplegaria” provoca en el espacio poético un choque conceptual a la vez que se observa un movimiento “de la memoria que trabaja a través de otras metáforas: movimiento desde la profundidad hacia la superficie, desde las tinieblas hacia la luz, de la tensión a la distensión, de la altura hacia las zonas más profundas de la vida psíquica.” [9]
El tono y el ritmo del poema, en total concordancia y coherencia, se quiebran frente a la explosión semántica y gráfica que suscita la conclusión de este poema a través de un único verso: y ¡PORQUE DE ELLA SERÁ TU REINO!
Conclusión que se manifiesta como la contracara de la plegaria para reforzar la intencionalidad discursiva en tanto su palabra poética funciona, en este caso, como la resistencia al discurso del poder.
Luis Alberto Ambroggio elige un poder invisible, sin territorio ni identidad, como símbolo de un profundo malestar cultural a nivel colectivo y como responsable de refractar las moradas dantescas a nivel individual, lo parodia, lo ironiza, lo acusa, lo limita en tanto poder terrenal frente a la grandeza del poder divino a quién dirige su plegaria. De ese modo, el poder-decir de la plegaria se transforma en el poder de la resistencia frente al discurso del poder.
DRA. Adriana Corda
UNT Facultad de Filosofía y Letras- IILAC
[1] Luis Alberto Ambroggio, nació en Córdoba (ARG) en 1945. Radicado en los Estados Unidos desde 1967 donde obtuvo los Post Grados en Filosofía y Letras, Ciencias Sociales y Administración de Empresas. Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de otras Instituciones nacionales e internacionales que tienen que ver con el desarrollo de la cultura y de la lengua especialmente a través del género lírico. Hasta el presente escribió Poemas de amor y vida (EE.UU. 1987), Hombre del aire (España, 1992), Oda ensimismada (Argentina, 1992), Poemas desterrados (Argentina, 1995), Los habitantes del poeta (Estados Unidos, 1997), Por si amanece: Cantos de guerra (Estados Unidos, 1997), El testigo se desnuda (Madrid, 2002), Laberintos de humo (Argentina, 2005) y Los tres esposos de la noche (Costa Rica, 2005).
[2] Asumimos la noción de poder en su sentido más amplio –según lo sostiene Norberto Bobbio en su Diccionario de Política, página 1190-: “la palabra poder designa la capacidad o posibilidad de obrar, de producir efectos, y puede ser referida tanto a individuos o grupos humanos como a objetos o fenómenos de la naturaleza. (...) Entendido en el sentido específicamente social, esto es en relación con la vida del hombre en sociedad, el poder se precisa y se convierte de genérica capacidad de obrar, en capacidad del hombre para determinar la conducta del hombre.”
[3] Scarano, Laura: Los lugares de la voz, Melusina Editorial, Mar del Plata, Argentina, pág. 25
[4] En Poemas desterrados, Academia Iberoamericana de Poesía y Alicia Gallegos Editora, Buenos aires, Argentina, 1995, pág. 58. Leer el poema completo al final del trabajo.
[5] Los números romanos que identifican el análisis de cada parte del poema me pertenecen, no figuran en el texto de Luis Alberto Ambroggio.
[6] Culler, Jonathan: Sobre la deconstrucción, Cátedra, Madrid, 1992, pág. 191
[7] Martínez-Dueñas, José Luis: La metáfora, Ediciones Octaedro, España, 1993, pág. 43
[8] Chartier, Roger: El mundo como representación, Gedisa Editorial, España, 1996, pág. 109
[9] Ricoeur, Paul: La memoria, la historia, el olvido, Fondo de Cultura Económica, México, 2004, pág. 75